Una sociedad que se derrumba


Por JOSÉ LUIS MORILLO FRÍAS/ JLMORILLO@HOTMAIL.COM
12:39 pm 1 comentario
José Luis Morillo Frías
José Luis Morillo Frías
La sociedad humana está tan mal por la fechoría de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos.
Facundo Cabral
Una sociedad es la conformación de un colectivo de personas, donde logran ponerse de acuerdo bajo un mismo proyecto, que busca satisfacer las necesidades que estos tienen. Para ello se crean pautas apegadas a principios y valores, siendo estas las que direccionan el curso que ha de tomar dicha sociedad.
Estos principios quedan plasmados en normas legales, que en esencia, deben procurar ser la expresión legítima de las voluntades populares. Es en tal sentido, que toda norma debe contar con la participación activa y consciente de las personas que integran ese conglomerado humano.
Cuando las apetencias de pequeños grupos terminan imponiendo su voluntad por encima de las grandes mayorías, estamos frente a una ruptura de los lazos que dieron origen a ese colectivo, por consecuencia una violación a los principios fundamentales de esa sociedad.
Estos elementos encuentran su explicación en la desvinculación inducida o voluntaria de los actores que componen ese conglomerado social. La inducción motorizada a través del poder, convirtiendo el Estado en una maquinaria al servicio de la avaricia de quienes gobiernan.
Crean falsas expectativas, de problemas que ellos mismos han generado, dejando siempre sin solución, para encantar las deficiencias ideológicas de una población que nunca ha tenido acceso a una educación crítica y liberadora. Chomsky 2010.
Esta inducción perversa, reintroduce nuevos valores, donde se asume la mentira, el robo y el crimen como el mecanismo idóneo para ascender socialmente, de ahí que se vea el ejercicio de la política como una profesión próspera, para poder salir de la pobreza, utilizando los bienes del Estado.
Ante esta investida demoledora de una clase política deshumanizada, vinculada a los peores intereses de nuestro país, se encuentra la mirada silenciosa de intelectuales que han hecho causa común con estos grupos autoritarios y delictivos.
Una gran parte de ellos y ellas puestos al servicio de la hegemonía del poder, construyendo estrategias que buscan manipular las emociones de una población diezmada por la pobreza y la miseria.
Según Gramsci, los intelectuales modernos no son simplemente escritores, sino directores y organizadores involucrados en la tarea práctica de construir la sociedad. Una gran parte de los pensadores dominicanos  están solo inclinados a preservar su estatus social, perdiendo su esencia critica, convirtiéndose en asalariados de la aniquilación de la paz social.
Mientras la otra parte se queda desde las gradas observando como transcurren los acontecimientos, sin asumir posiciones más activas en favor de ir creando una consciencia crítica, que permita, como diría Freire, romper con el silencio, pasar a las palabras, al trabajo y a la acción.
El sentido de sociedad se ha ido perdiendo, los intereses han cambiado de curso, ni si quiera podemos hablar de contradicciones ideológicas, donde las posiciones conservadoras se han impuesto, sobre las bases de la sobrevivencia intelectual, que ya no contradice, solo repiten lo que les ordenan hacer.
Ahora no todo está perdido, aún podemos cambiar el curso que lleva esta sociedad, pero para ello es necesario accionar, romper con el silencio, asumir la disidencia, aunque terminemos arrastrando costos personales.
Solo la unidad de las personas que les duele el país, para movilizarse y generar un despertar nacional, podrá salvar la sociedad del derrumbe hacia donde los llevan las mafias políticas que dirigen el Estado.

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