“ES UNA CRUZ QUE CARGARĆ PARA EL RESTO DE MI VIDA”
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“Lo perdĆ todo: las dos familias, no vi crecer a mis hijas, no he visto nacer a mis nietos... me quedĆ© sin amigos, sin trabajo... y por dentro, llevo una marca que ni el mejor cirujano me la podrĆ” quitar. Simplemente te digo que tambiĆ©n perdĆ la vida”.
Con esa reflexión, MĆ”ximo Enrique Perdomo Francis, de 54 aƱos, resume los 14 aƱos y nueve meses de encierro que guarda en la PenitenciarĆa Nacional de La Victoria, tras ser declarado culpable de feminicidio contra su pareja de 20 aƱos.
Compara su vida antes y despuĆ©s, y se convence de que si hubiese sabido lo “pesada de la cruz” que cargarĆa para el resto de su vida, hubiese sido un hombre distinto y valorado mucho mĆ”s el hogar que habĆa formado. “Era un hombre dado a la calle y tenĆa una relación extramarital que fue el detonante de todo”.
Aunque estĆ” convencido que el hecho sucedió de manera accidental en un momento de discusión, fue condenado inicialmente a 30 aƱos de prisión, y posteriormente rebajada su condena a 20. Era oficial de la PolicĆa, se desempeñó como chofer de coroneles e incluso de embajadores, y en tiempo libre usaba su vehĆculo para dedicarse a labores de “concho”, o sea, “yo no era rico, pero mi dinerito no me faltaba”. Aunque dice que no descuidaba económicamente su hogar ni a sus hijas que al momento de la tragedia tenĆan seis y 14 aƱos, reconoce que le gustaba disfrutar en la calle.
De su pareja extramarital le habĆa nacido una criatura, por lo que una noche al llegar a su casa embriagado, en medio de una discusión y forcejeo, asegura que el arma se disparó, impactando en su esposa, en ese entonces con 34 aƱos; y otro a Ć©l, que tenĆa 39, hecho que los mantuvo a ambos en cuidados intensivos. Ella falleció un mes despuĆ©s.
En el hospital pude verla antes de que falleciera y en ese momento me dijo que hablarĆamos luego, conversación que nunca se pudo materializar. Con ella murió un pedazo de mĆ, caĆ en depresión, me acusaron de estar loco y me llevaron a un Ć”rea destinada para esos pacientes en el hospital Central. AllĆ vivĆ lo que nunca me habĆa imaginado, asegura.
Yo tenĆa una vida plena, y no lo sabĆa. Trabajaba, tenĆa afectos, dos familias: la de mi esposa y la mĆa, muchos amigos, un hogar, andaba libre por cualquier calle, mi nombre era conocido. Luego cuando me vi esposado el mundo se me cayó encima, se me detuvo, y sentĆ que murió todo a mi alrededor. No comĆa, la televisión estaba encendida pero no la veĆa.
AquĆ en la cĆ”rcel, continĆŗa, uno tiene dos opciones: la negativa o la positiva, en principio es difĆcil entenderla, pero luego uno escoge y decidĆ prepararme.
Lo primero que hice fue agarrarme de Dios, empecé a leer libros, he hecho siete cursos, entre ellos un taller sobre Masculinidad Sin Violencia, que cambió mi vida, me enseñó la importancia de respetar y valorar a la mujer.
Dios ha sido bondadoso conmigo. Mis hijas pudieron seguir estudiando, la mÔs grande ya se casó, tiene dos hijos, y la mÔs pequeña estÔ estudiando medicina. Las dos han entendido que fue un accidente y me visitan.
La que era mi amante en ese entonces no me ha abandonado y tenemos otro hijo mÔs y aquà en la cÔrcel soy instructor de ajedrez.
Dice que la vida le dio un giro de 180 grados y todo lo que pasó le ha marcado para siempre, pues “no soy ni serĆ© jamĆ”s el hombre que casi 15 aƱos atrĆ”s entró al recinto penitenciario”, ubicado en la comunidad de La Victoria, en Santo Domingo Norte.
Taller Masculinidad sin Violencia
Estos cursos que se imparten durante dos dĆas han formado hasta el momento a 540 internos de la PenitenciarĆa La Victoria
Plutarco Ernesto GonzĆ”lez, quien tiene ocho aƱos en la penitenciarĆa La Victoria por homicidio, puso en marcha, con la aprobación de la ProcuradurĆa General de la RepĆŗblica, y el apoyo de otro interno, el taller “Masculinidad sin Violencia”.
Con los talleres, que se realizan en el penal desde hace un aƱo, se han capacitado 540 internos en quienes, su instructor asegura, se han observado cambios muy positivos.
Dice que hay dos instructores y serÔn preparados dos mÔs, porque las diferentes iglesias establecidas en el penal solicitaron que sea llevado a sus feligreses y ademÔs la Dirección Nacional de Prisiones tiene previsto extender la experiencia a otros recintos.
GonzĆ”lez explica que como padre le llamó la atención la cantidad de jóvenes que llegan al penal, donde cerca del 60 por ciento es menor de 26 aƱos, la mayorĆa vinculados a actos de violencia, por lo que se le ocurrió la idea del taller cuando vio en la televisión un anuncio al respecto del Centro de Intervención conductual para Hombres.
“Cuando presentĆ© la idea, en eso no creĆa nadie, hasta que se le pudo plantear al procurador Francisco DomĆnguez Brito, a quien le gustó y la acogió”, seƱala, tras precisar que los talleres se realizan mensualmente y se comienzan a llevar a la cĆ”rcel del 15 de Azua.
“Hay muchachos por debajo de la edad de mis hijos que ven la violencia como lo normal, porque se criaron en ese ambiente. Al que realiza un trabajo normal lo ven como algo estĆŗpido, pero cuando una persona le dedica tiempo, se interesa en ellos, se ve el cambio. AdemĆ”s la violencia de gĆ©nero es una situación que se aprende por influencia del ambiente y se puede corregir con educación”.
La cƔrcel
La PenitenciarĆa Nacional de La Victoria es la cĆ”rcel mĆ”s poblada que tiene el paĆs, y una de las mĆ”s temidas.
8,000
En ella guardan prisión unos 8,000 reclusos por diferentes delitos, cerca del 60% de los que ingresan es menor de 26 años.
30.7%
La Victoria alberga 30.7% de la población carcelaria del paĆs, que a febrero pasado se estimaba en 26,000.
Hacinados
La sobrepoblación que hay en ese recinto obliga a que los internos se mantengan en medio de un alto nivel de hacinamiento. |
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