En el caso de la sangrienta dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, Juan Bosch, de cuyo natalicio se cumplen hoy 104 años, supo distanciarse a tiempo, de cualquier sombra trujillista. Su situación es frontalmente opuesta a la de otros intelectuales, que, atrapados unos en el patÃbulo del miedo, otros deslumbrados por la expectativa del oro y del poder, como efecto de la sumisión en unos casos y el deseo de formar parte de la gran construcción ideológica del trujillismoócon sus consabidas retribuciones y recompensasó se arrodillaron ante el hombre que fue capaz de traicionar a su mentor, el presidente Horacio Vásquez, para lanzarse a un gobierno que se extenderÃa por más de 30 años a punta de sal y sangre.
El accionar de Bosch en todo su quehacer polÃtico e intelectual, siempre estuvo vinculado de manera directa e indirecta, a luchar en el exilio por el establecimiento de la democracia, fuera de Trujillo, contra quien militó en el exterior, a través del movimiento de lucha democrática, con participación en iniciativas como la expedición de Cayo Confites, que si bien, desde el marco operativo fue fallida, aceró la vehemencia sobre la necesidad de que República Dominicana quedara libre de ese régimen de oprobio y terror. Ciertamente, el primero de noviembre de 1937, Bosch fue nombrado jefe del servicio de información de la Dirección General de EstadÃsticas, pero, su prestigio como escritor habÃa alcanzado notabilidad y el dictador Trujillo, ante tal descubrimiento, lo propuso para diputado. Bosch, que habÃa visto a conciencia la proyección que llevaba el gobierno, ahora con el deseo expreso de comprometerlo, moral y polÃticamente, decidió deshacer la posibilidad.
Es asÃ, que el 13 de enero de 1938, sale de República Dominicana rumbo a Puerto Rico, con el alegato de que querÃa atender la salud de su esposa, según consigna JoaquÃn Gerónimo, en su libro “En el nombre de Bosch”. En una entrevista que le hiciera el ListÃn Diario, publicada el 30 de junio de 1979, sobre los motivos que lo impulsaron a salir del paÃs hacia el exilio, lo plantea de la manera siguiente, dejando constancia de cuál fue su pensamiento, sobre la tiranÃa en ciernes:“Salà por varias razones, pero la más importante fue que un dÃa Mario FermÃn Cabral me pidió que fuera a verlo al Hotel Presidente, donde vivÃa cuando estaba en la capital y me dijo, con cara de preocupación, que Trujillo estaba pensando hacerme diputado y que yo debÃa pensar muy bien lo que debÃa hacer. Conociendo como lo conocÃa, entendà toda la gravedad de esa advertencia”.
“Si alguien se distinguÃa en cualquier actividad pública, Trujillo le ofrecÃa un puesto en su gobierno, y era peligroso no aceptárselo, y decidà irme del paÃs a pesar de que eso también era muy peligroso”, refiere el autor de La Mujer, en la misma entrevista. Con Juan Bosch, la tiranÃa de Trujillo fue, más que una fuente de inspiración en contra de las actitudes personalistas de un régimen que no respetaba las libertades públicas, el fruto de los errores históricos de los procesos polÃticoósociales que durante siglos se fraguaban en República Dominicana, como lo expresa el escritor en su libro “Trujillo: causas de una tiranÃa sin ejemplos”.Esta comprensión del creador de ensayos emblemáticos como “Composición Social Dominicana”, o “Dictadura con respaldo popular”, alcanzó sus matices cuando Bosch llegó a Cuba y se comprometió con proyectos y procesos vinculados a la nueva visión que encarnaba la revolución cubana. De ahà que luego comprendiera que una tiranÃa de la magnitud de la que se enclavaba en el alma y en la vida fÃsica de República Dominicana, con todo un engranaje ideológico, estructurado con los patrones de apoyo de naciones como Estados Unidos, y la lucha contra la expansión del comunismo, solo podÃa ser combatida con una intencionalidad de repercusiones polÃticas, que aglutinara el descontento y las frustraciones de patriotas que anhelaban el sueño de retornar a su paÃs y, al hacerlo, emprender el hallazgo de una idea de corte democrática, que, se debe decir, porque es una huella histórica, culminó con la fundación en 1939, del Partido Revolucionario Dominicano.
Lucha desde el exilio
Bosch más que mantener una actitud crÃtica ante la dictadura que atenazaba a los dominicanos e incidir entre los grupos militantes del exilio de manera pasiva, tomó partido en intentos como la frasada expedición de Cayo Confites, Cuba, en 1947.
En carta enviada por Bosch a Trujillo en el aniversario 117 de la Independencia Nacional, el 27 de Febrero de 1961, apenas tres meses antes del ajusticiamiento, el autor de “La Mañosa” le dice que la atmósfera polÃtica del hemisferio sufrió un cambio brusco a partir del 1 de enero de 1959 y que sea cual sea la opinión que se tenga de Fidel Castro, la historia tendrá que reconocerle que ha desempeñado un papel de primera magnitud en ese cambio de atmósfera continental”.
Y agregó: “Ya no somos tierras sin importancia, que pueden ser mantenidas fuera del foco de interés mundial. Ahora hay que pensar en nosotros y elaborar toda una teorÃa polÃtica y social que pueda satisfacer el hambre de libertad y de justicia”.
UNA BUENA GESTIÓN, PERO DURÓ SIETE MESES
Es preciso apuntar que Bosch habÃa ganado las elecciones del 20 de diciembre de 1962, las primeras que se realizaban en el paÃs luego de la decapitación de la dictadura trujillista, en las cuales derrotó a Viriato Fiallo y a otros seis candidatos al lograr el 59% de los sufragios –obtuvo 628,044 votos de 1,054,944, con lo que alcanzó también un predominio en el Congreso Nacional–. Su gobierno, que se inauguró el 27 de febrero, solo duró siete meses, pues fue derrocado el 25 de septiembre de 1963. Su derrocamiento constituyó la mutilación de un programa de Gobierno que pretendÃa reivindicaciones sociales sin precedentes en la historia dominicana. |
0 Comentarios