Los desafíos del PLD


  • Apoyo. El expresidente de la República, doctor Leonel Fernández, resalta el apoyo de la sociedad al Partido de la Liberación Dominicana (PLD).


Desde el año 2004 a la actualidad, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ha obtenido cinco victorias electorales consecutivas, entre presidenciales, congresionales y municipales, por encima del cincuenta por ciento.
Se trata, sin duda alguna, de una gran hazaña, sin precedentes en la historia nacional, alcanzada por la vía democrática; y habría de suponer que ese respaldo tan continuo y sistemático conquistado en las urnas es un reflejo de la valoración positiva que hace la sociedad dominicana de su ejercicio gubernamental.
En efecto, ha sido como consecuencia, entre otros factores, de haber mantenido notables índices de crecimiento económico con estabilidad; de haber creado un clima de confianza; incremento de la inversión pública y privada; generación de nuevos empleos; desarrollo de obras de infraestructura; reforma y modernización del Estado y reducción de niveles de pobreza, que el PLD ha podido concitar, de manera reiterada, el respaldo mayoritario del electorado.
Sin embargo, a pesar de esos logros innegables, motivos de orgullo y regocijo, en la militancia del partido morado no se percibe una plena satisfacción o entusiasmo por las metas alcanzadas, a lo largo de los años.
Motivos del malestar
Las razones de esa falta de entusiasmo se deben, fundamentalmente, a que en la misma medida en que la organización iba cosechando triunfos electorales y se embarcaba en una continua labor de gobierno, se producía un abandono paulatino en sus formas de funcionamiento. 
De esa manera, con excepción del Comité Político, los demás organismos y órganos del PLD, como son el Comité Central,  los Comités Provinciales, Municipales, Intermedios o de Base, así como las distintas Secretarías, no están ni han estado operando, desde hace algún tiempo, conforme a sus atribuciones. 
Resultado de eso es que algunos locales del Partido se encuentren cerrados; que en el padrón de la organización figuren nombres de personas que nunca han participado en una reunión de su Comité de Base; que haya habido un abandono de los programas de educación; que en distintos lugares se haya incurrido en un irrespeto a la disciplina partidaria sin ningún tipo de consecuencias; que la solidaridad entre compañeros haya ido desapareciendo; y que los valores y principios que sirven de base a la mística peledeísta se haya estado degradando.
En fin, hay todo un conjunto de legítimos reclamos por parte de la militancia peledeísta, de reivindicar ciertas normas, prácticas, pautas de conducta  y métodos de trabajo del partido fundado por Juan Bosch,  que deben ser rápidamente atendidos, a los fines de fortalecer y cohesionar la organización.
Por supuesto, se comprende que las deficiencias señaladas no son el resultado de la negligencia o dejadez de la dirección del partido o de sus cuadros medios. Son, más bien, la consecuencia de la reforma constitucional del año 1994, que estableció la realización de elecciones cada dos años.
Debido a esa situación, desde el 1996 a la fecha, esto es, en los últimos diecisiete años, se han celebrado nueve elecciones nacionales. Pero, en realidad, como previo a cada año electoral, las organizaciones políticas tienen que realizar sus elecciones internas para la selección de sus candidatos a los distintos puestos electivos, podría decirse que ha habido elecciones todos los años.
Por consiguiente, lo cierto  es que durante los últimos diecisiete años ha habido dieciocho elecciones, entre internas y nacionales, y es claro que eso no deja respiro a ninguna organización política para dedicarse a otra cosa que no sea la de prepararse para participar en los procesos electorales. 
Así, pues, en el período a que se hace referencia, el PLD se convirtió en una formidable y temible maquinaria electoral, capaz de conquistar contundentes triunfos en las urnas y desde el poder contribuir con significativos aportes a la modernización y progreso de la sociedad dominicana. Pero, al mismo tiempo que el partido morado de la estrella amarilla alcanzaba esos logros, como todas sus energías, pasión y capacidad creadora estaban concentradas en esas tareas, la estructura interna se debilitaba, su eficiencia se erosionaba, sus valores se violentaban, su mística se desvanecía  y su rol de intermediario e intérprete de las necesidades nacionales se afectaba.
Retos del PLD
Visto desde esa perspectiva, el primer gran reto o desafío a que se enfrenta, con miras al futuro, el Partido de la Liberación Dominicana, es el de recuperar el conjunto de principios, valores, métodos de trabajo, organización y disciplina, que constituyeron, desde su fundación, los pilares fundamentales de su razón de ser.
Eso, ahora, es posible debido a la reforma constitucional del 2010 que unificó las elecciones presidenciales, congresionales y municipales. Por lo tanto, ya no habrá torneos electorales cada dos años, sino cada cuatro, tiempo apropiado para ser aprovechado por el PLD a los fines de lanzar una mirada hacia adentro, identificar fortalezas y debilidades y diseñar un plan de reingeniería y modernización de sus estructuras internas que le permitan emerger como una fuerza renovada en los albores del nuevo ciclo político a que se enfrenta a partir del 2016.
Naturalmente, esos no son los únicos retos a que se enfrenta el Partido de la Liberación Dominicana. En adición a los ya mencionados, se contrapone a los nuevos desafíos que surgen de las nuevas formas de hacer política, de las transformaciones sociales, de la emergencia de nuevos actores y la irrupción de nuevas tecnologías. 
En lo que atañe a las nuevas formas de hacer política, es algo que se percibe a diario. En la actualidad, hasta un individuo o pequeños grupos, eso que ahora en las ciencias políticas se llaman “micropoderes”, pueden alterar el curso de los acontecimientos.
Es el caso, por ejemplo, en estos momentos, de Edward Snowden, el joven norteamericano que trabajaba para los servicios de inteligencia de su país. Sus filtraciones a la opinión pública de que Estados Unidos  realiza labores de espionaje a varios países, incluyendo amigos y aliados, ha generado una situación de crispación internacional.
Pero igual ocurrió con otro joven en Túnez, graduado universitario, que frustrado ante la imposibilidad de conseguir empleo, instaló un pequeño negocio de buhonero. Un agente del orden público, sin embargo, se lo desmanteló y lo agredió físicamente.
Desconsolado ante su tragedia decidió incinerarse. Pero, al hacerlo, se convirtió en el símbolo que dio origen a la llamada primavera árabe,  la cual provocó la caída de los  gobiernos de Túnez, Egipto y Libia, y ha suscitado el pánico en todo el Medio Oriente.
De manera, pues, que en la actualidad, hasta una sola persona, con su conducta,  tiene la posibilidad de influir e impactar en el desencadenamiento de acontecimientos que pueden llegar a tener carácter nacional, regional o global.
Lo que ha hecho eso posible es la introducción de las nuevas tecnologías de la comunicación, especialmente de la telefonía móvil y las redes sociales, las cuales comunican hoy día en el mundo, de manera instantánea,  a más de dos mil millones de usuarios, con el poder de la imagen y la capacidad de reproducción en forma de virus.
En adición a las nuevas tecnologías de la comunicación y de las redes sociales, como twitter, facebook o youtube, han hecho aparición en el escenario político nuevos actores, como es el caso, para citar algunos, de los integrantes de la sociedad civil, los movimientos sociales y los grupos ecologistas.
Es evidente que estos nuevos actores, que en principio y en teoría no están motivados por la conquista del poder, les disputan a los partidos políticos su tradicional rol de intermediarios y articuladores del pliego de demandas de la sociedad, y generan, por otro lado, a los gobiernos, nuevas tensiones para el ejercicio de la gobernabilidad democrática.
La disminución de la pobreza, que ha dado ahora lugar al surgimiento de una clase media y a una aceleración del proceso de urbanización, también genera nuevos desafíos, al entrar en una fase de aquello que los sociólogos han dado en calificar como “revolución de las expectativas crecientes”, que implica para los gobiernos una sobrecarga de demandas sociales con recursos limitados.
No advertir esos desafíos o resolverlos a tiempo, conlleva el riesgo de protestas sociales masivas, como de manera sorpresiva ha estado ocurriendo en estos días en Brasil, el cual, además de país líder de América Latina, se había convertido en paradigma a emular. 
Como puede observarse, pues, son varios los retos  que el Partido de la Liberación Dominicana tiene por delante. Por un lado, está el de recuperar la mística, así como los valores y principios que le dieron origen. Pero, por otro, el de su capacidad de renovación para hacer frente a las mutaciones experimentadas por la sociedad, que actualmente exige nuevas formas de acción política para adaptarse a la nueva realidad de nuestros tiempos.
Es precisamente  todo eso lo que aspira abordar, en debates francos, abiertos y democráticos, el VIII Congreso del PLD, Comandante Norge Botello.

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