Por FELIX BETANCES
PRIMERA PARTE.
La historia de Rafael Leónidas Trujillo Molina quien dirigió los destinos de nuestra República Dominicana desde el año 1930 hasta el mes de mayo del año 1961, es ampliamente conocida, tanto por los que vivieron los hechos y acontecimientos de la conocida “Era de Trujillo”, como por parte de los dominicanos de épocas posteriores que han recibido a través de los documentos de la historia, los pormenores de la misma.
No tengo espacio como para entrar en detalles de tantos episodios sobre los cuales se han escrito múltiples historias de todos los colores, destacándose entre ellas las de color negro.
Quiero referirme al tema que mantiene en vilo a mucha gente, que todo parece indicar, que del mismo sacan muy buenos resultados, muchos de los cuales, hicieron sus fortunas a la sombra del referido Régimen, haciendo también cosas no menos malas que las que hacia el Tirano.
A Trujillo, hay que verlo como historia, en parte negativa y en parte positiva, tal y como esta escrito, no hay razón a estas alturas, para tener tantos miedos a algo que no podrá hacer más daños que los que el pueblo padece en su posteridad. Daños causados precisamente por quienes se hicieron dueños del Estado en su conjunto.
Creo que llegó el momento de poner fin a tanta majadería e idioteces con el tema Trujillo, ante un pueblo que de ninguna manera soportaría una docilidad impuesta.
Lo primero que debe hacerse es derogar o por lo menos modificar la Ley 5880 del año 1962 ya que de acuerdo a los cambios que ha experimentado la sociedad de hoy, ya luce desfasada o insustancial.
Una cosa es prohibir la realización de actividades que realcen la figura de Trujillo y consecuentemente, la ejecución de actividades que persigan el proselitismo político sustentado en la exaltación de ese personaje y su historia, y otra cosa muy diferente es, querer silenciar mediante la represión, las voces que en forma libre y espontánea, proclaman un “Viva Trujillo” y que de hecho, no lo hacen con ninguna convicción sino como una forma de expresar sus insatisfacciones. Trujillo no va a vivir por más que alguien lo proclame, o somos locos.
Los inteligentes de hoy, sean anti trujillistas o no, deben entender, que un “Viva Trujillo” dondequiera que se proclame y sea quien sea que lo exprese, no es más que una simple expresión que se puede afirmar sin temor a equivocarse, se ha convertido en una frase popular, y nada más.
Esa expresión en voz del pueblo, no es más que un desahogo, ante la impotencia que muchas veces nos arropa, cuando uno ve y vive en carne propia las barbaridades que cometen los que están llamados a protegernos y a suministrarnos desde las más altas instancias del poder , una sana administración de la cosa pública.
0 Comentarios