
EL AUTOR es Periodista. Reside en Neiba.
Aunque ya se especulaba que el ex capitán Quirino Ernesto Paulino Castillo regresarÃa a inicio de marzo, su retorno el último dÃa del mes de febrero, el sábado, sorprendió a la República Dominicana e impactó como “huracán categorÃa cinco” en la opinión de la población, sin diferencia de edad, credo, nivel académico y condición social. Casi todo mundo está al tanto.
No es para menos. De la duda de que si era o no la voz de Quirino la que se escuchaba desde Nueva York, se pasó a su imagen en audiovisual y ahora a su regreso a territorio dominicano en medio de las más diversas conjeturas de los capÃtulos que seguirÃan en los próximos dÃas o semanas en las redes, la radio, la televisión, los diarios y las plazas públicas.
No se trata de vociferar que “no se le puede hacer caso” a lo que diga un ex narcotraficante que pasó nueve años y meses preso en Estados Unidos, por el decomiso en el 2004 de 1,300 kilos de cocaÃna, en Dominicana, sino de llegar a cuanta verdad pueda haber en todo esto..
ProcederÃa que el ex presidente Leonel Fernández, quien alega que “Quirino miente”, presente cargos en su contra en los tribunales y “defienda su honra”.
Quirino está en el paÃs y su llegada misma es un emplazamiento al ex presidente, una manifestación de que “no tiene miedo” y una reafirmación misma de sus declaraciones, sin que esto signifique necesariamente de que sea portador de la verdad. Seguirá hablando y emplazando y seguirÃa siendo el centro de atención.
Si se trata de una infamia, como según dice Leonel, entonces deberÃa sentirse en las condiciones de desmontar a su favor las declaraciones de Paulino Castillo, quien de su lado asegura que con todo el gusto acudirÃa a un tribunal a reafirmar cuanto dijo por radio y televisión
Contemplar desde la Justicia este escenario escalofriante, sin precedentes en la historia, serÃa no impartir justicia y al mismo tiempo ser permisivo ante una denuncia en extremo grave que tiene que ir a una investigación de fondo con toda la imparcialidad que las propias normas exigen.
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