El dinero y fama no han hecho cambiar a Cabrera


  • Miguel Cabrera
Jorge Rueda | AP
Maracay, Venezuela.
Mientras supervisa a decenas de niños entrenar en un parque de pelota en la barriada La Pedrera, uno de los tíos de Miguel Cabrera contempla el contrato que su sobrino acaba de firmar con los Tigres de Detroit por 292 millones de dólares, el pacto más lucrativo en la historia de cualquier deporte en Estados Unidos.
Aquel niño que aprendió a jugar al béisbol en este mismo terreno, ahora remodelado gracias a su aportación económica, es ahora el deportista mejor pagado en la historia del béisbol. Y para su tío José Torres, no es ninguna sorpresa.
“Eso se veía venir por el trabajo que ha hecho Miguel”, comentó Torres, quien tomó las riendas de esta academia de béisbol después de la muerte de su hermano David, el primer mentor de Cabrera cuando el ahora superestrella de Grandes Ligas tenía cuatro años. “Saben que es un hombre que está destinado al Salón de la Fama”.
“Siempre pensamos que Miguel iba a ser una estrella, para nosotros no es una sorpresa”, agregó Torres, a sus 68 años el mayor de los siete hermanos de Gregoria, la madre de Cabrera. “Desde niño, y luego cuando debutó a muy corta edad (20 años) en Grandes Ligas, en el juego se veía como que era un jugador con mucha experiencia”.
Más allá de su fama y fortuna, “Miguelito”, como muchos todavía lo llaman en el barrio que lo vio nacer, es el niño mimado de La Pedrera, un sector de clase obrera en Maracay, una ciudad ubicada a unos 105 kilómetros al oeste de Caracas.
Los padres de Cabrera se mudaron a un sector más pudiente de la ciudad cuando el pelotero, con apenas 16 años, recibió una bonificación de 1,8 millones de los Marlins en 1999.

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